Todo está
tan quieto
y callado.
Calmo,
apaciguado,
como congelado
en el tiempo
por deseo
de un dios.
Si este
silencio
es de
algún dios
su gran deseo,
yo, como
buen ateo,
no le creo,
no le creo.
Culpable de mí
Quién te pide
mientras duermes
que al despertar
provoques
estos sutiles
desastres?
Quién te dice
a medianoche
cerca, muy cerca
del oído,
que en el día
que se acerca
me deslumbres
una vez más?
Quizás,
sea yo mismo.
Des-encuentro
Me largué
a caminar
de tanto
esperarte
y ahora
que llegas
al lugar
yo ya estoy
en otra parte.
Nocturnia
Y camino,
camino en
el regreso,
y regreso
derrotado.
Palabras que
cruzan mi mente
se amontonan
y pesan.
Y al pensar
en lo que
no fue,
se siente
como
un centenar
de agujas,
atacando
mi cuerpo.
Crueles ángeles
No quiero
decir tu nombre
pero el viento
me lo recuerda.
y cuando
cubro mi rostro
golpea mi espalda.
logra voltearme,
doy contra el suelo.
si grito muy fuerte,
me impulso, me incorporo
y sigo caminando.
a los lados, los árboles
dibujan tu sonrisa
y parecen crueles ángeles
de los que acarician
con una mano
y apuñalan con la otra.
Noches
Noches
de frío
no siento
los huesos
sin más
que decir
a mis propios
oídos,
me duermo.
Noches
de calor
no concilio
el sueño
sin más
que pedir
a mis propios
deseos,
te deseo.
Tu regreso
Y si ese
abrazo
hubiese,
prolongado
su existencia,
como el
arbol
que se mece
por el viento
y su
insistencia,
me dejaría
llevar
por la
corriente
de tus besos
hasta morir
en su mar.
Sólo espero
tu regreso.
El abismo
Hay una
distancia
que recorren
mis ojos
que se
ha extendido
demasiado,
la que
me une
a tus ojos.
Sólo deseo
acortar
esa distancia.
El abismo
que se creó
es muy
muy oscuro.
Recostado
Y miro
las nubes
pasar
por sobre
mi cabeza
queriendo
flotar
como ellas,
sin rumbo
a la deriva,
rompiendo
en formas
irrepetibles.
Dos sentidos
Tu
nombre
debió ser
pensado
por cien
de los
mejores
poetas
del pasado,
pues
nunca
una
palabra
sonó tan
agradable
a mis
oídos.
Recorro
con mi
mirada
el paisaje
que hay
en tus
ojos,
y la paz
que
experimento
no se
compara
a nada
en esta
vida.